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15 de octubre de 2014

¿Leer en el iPad o en el Kindle?

El iPad y el Kindle son los dos aparatos con la oferta de libros más extensa del mercado en sus respectivas tiendas, aunque los títulos a la venta son muy similares entre las dos librerías digitales, de tal forma que si no encuentras un libro en una es muy probable que tampoco lo encuentres en la otra. Comprar en ellas es muy sencillo, basta con elegir el libro que deseamos e introducir nuestra contraseña para que el texto aparezca en la pantalla en cuestión de segundos. Sin embargo, la experiencia lectora es distinta en uno y otro. La mayoría de las características que a continuación voy a señalar del iPad serían aplicables a cualquier tableta y las del Kindle a cualquier lector de tinta electrónica. 

1. Concentración: Para quienes temen distraerse fácilmente el Kindle permite una experiencia enfocada sólo en la lectura. Si a la hora de leer en el iPad encontramos insoportablemente invasivos los mensajes, llamadas o avisos varios, siempre podemos desconectar esas funciones. 

2. Pantalla: La pantalla de tinta electrónica del Kindle permite para muchos una lectura más natural y relajada. El iPad en cambio da varias posibilidades de colores de fondo de pantalla e intensidad de luz que pueden ajustarse a distintos momentos y lugares de lectura.

3. Autonomía: La batería del Kindle es mucho más duradera. Si compras un iPad, asegúrate de tener un enchufe cerca de la cama para cuando se te haya ido la batería y quieras seguir leyendo.

4. Lectura nocturna: Cuando los demás se van a dormir y los más lectores raspan unas horas al sueño en medio de la paz nocturna, el Kindle necesita de una luz externa al aparato mientras el iPad permite leer rodeado de la más cerrada oscuridad, reduciendo las posibilidades de molestar a otros que quieran descansar.

5. Portabilidad: El Kindle es más sencillo, de menor tamaño que el iPad mini, por lo que se transporta con facilidad y, aunque es más ligero, parece menos frágil, uno teme menos romperlo.

6. Visibilidad: Si estamos a oscuras o pasamos por un lugar sin luz mientras nos movemos en cualquier transporte dejamos de ver en el Kindle mientras sí podemos seguir leyendo cómodamente en el iPad, pero si estamos en el exterior los reflejos del sol en la pantalla nos incomodan en el iPad y no lo harán en el Kindle. 

7. Notas: A la hora de exportar las notas tomadas en nuestro Kindle debemos hacerlo a través de programas como calibre o el mobipocket para poder ser leídas, manipuladas o almacenadas en otro lugar, mientras que en el iPad el uso, manejo y envío de las notas resulta mucho más sencillo y rápido, basta con mandártelas por correo si las quieres guardar en cualquier otro archivo. Además, el teclado del iPad es mejor que el del Kindle, lo que facilita escribir nuestros comentarios. 

8. Compatibilidad: Un libro comprado en la tienda de Apple sólo puede leerse en otros dispositivos de su entorno como el iPhone, el iPad o un ordenador Apple con el nuevo sistema operativo, mientras que un libro adquirido en Amazon, la tienda del Kindle, puede ser leído en cualquier tableta o móvil, tanto con el sistema operativo de Apple como con Android, basta descargarse la aplicación de lectura de la empresa.

9. Diccionarios: Hay bastantes diccionarios disponibles para el Kindle pero no siempre son de la calidad que algunos esperan. El iPad, sin embargo, tiene menos diccionarios disponibles, añadidos a cuenta gotas y sólo últimamente, y casi todos ellos son monolingües, pero de mejor calidad y, además, siempre existe la posibilidad de consultar otros gracias a sus muchas aplicaciones o a través de la conexión a internet.

10. Enriquecimiento de la lectura: El Kindle ofrece diccionarios y el acceso a la wikipedia en blanco y negro, mientras el iPad da mayores posibilidades para enriquecer la lectura. Permite la búsqueda fácil y rápida de imágenes, mapas, textos paralelos, notas o videos que harán las delicias de cualquier lector curioso. Lástima que los editores e instituciones no hayan aprovechado aún estas posibilidades para hacer ediciones de libros digitales de gran calidad, sobre todo para estudiantes y especialistas. 

Algunas de estas diferencias entre el Kindle y el iPad resultarán indiferentes a muchos lectores y seguramente he pasado de largo algunas que a otros les interesen más, aparte por supuesto del precio, que siempre nos interesa a casi todos y que es con lo primero que debemos contar. He expuesto pues las que a mí más me preocupan: Notas, compatibilidad, diccionarios, portabilidad. Cada cual verá qué dispositivo se adapta mejor a sus intereses.

15 de febrero de 2012

¿Kindle o Papyre?

Es cierto que la existencia del programa Calibre permite la conversión fácil de libros en muy distintos formatos, de tal forma que pocos escapan, con excepciones como la del azw de Amazon, a ser transformados para usarlos en cualquier dispositivo, pero la persona a quien pretendía regalarle el nuevo Kindle no maneja ni quiere manejar nada que requiera de lentas averiguaciones ni múltiples programas y está harta de pasarse el día frente a la pantalla trabajando. Además, le sería imposible pasar los libros comprados en Amazon a otro lector, si en el futuro quisiera cambiar de marca, con lo que se vería obligada a comprarlos de nuevo en otro formato o a depender de la misma empresa para siempre. De hecho, sólo quería un lector si, como yo le aseguraba, iba a hacerle la vida más fácil. 

A la imposibilidad del Kindle de leer el epub, aunque sí el estándar americano mobi al parecer en retroceso, formatos que pueden transformarse más fácilmente o llevarse a otros lectores, se suma la reciente retirada del botón de búsqueda y compra directa de la aplicación de Kindle para los dispositivos de Apple, desde donde podían adquirirse los libros de la tienda Amazon, superando en parte el escollo de su particular formato de venta. Al verse forzados a quitar este botón, debido a las nuevas normas de Apple, han quedado sin la opción de compra digital quienes no tenían además el Kindle, en una penosa tendencia a enroscarse en sí mismos de las distintas empresas del sector, lo que nos quita a los consumidores, en vez de darnos, posibilidades de uso y comodidad. 

Como reacción a estas guerras entre gigantes pensé en comprar el Papyre, que además es español, pero la persona a quien iba dirigido el regalo (con gustos definidos y deseosa de leer en los distintos idiomas que maneja) no encontraría lo que busca en la sección de libros extranjeros de Grammata, la tienda del Papyre, que ofrece apenas 11 libros en francés, 7 en alemán y ninguno en italiano. Por supuesto, podría buscar en las demás tiendas asociadas en Libranda, cuya oferta en lenguas europeas no está mucho mejor, o en otras tiendas extranjeras, pero la compra no resulta tan sencilla y rápida como la ofrecida por Amazon en una gran librería única con descarga directa. No es que sea complicado, pero para muchos cada paso más a la hora de adquirir un libro reduce significativamente las posibilidades de comprarlo.

15 de diciembre de 2011

Clásicos en francés

Debido a lo inabarcable de la red, por su extensión y su continuo cambio, así como la vida lo es frente a la obra de arte que a veces pretende encapsular un fragmento de esta para darle sentido, es imposible conocer el número de páginas dedicadas a uno u otro tema. Cualquier día puede surgir una nueva, o varias, languidecer las conocidas o, en el mejor de los casos, renovarse. Por ejemplo, para descargarse clásicos en francés hay dos que he frecuentado desde hace tiempo y a las que me he acostumbrado, sin investigar más allá recientemente: Livres pour tous y especialmente Ebooks libres et gratuits

En ambas páginas, la interfaz y la fórmula de búsqueda no están a la altura de las del proyecto Gutenberg, en donde hay casi 2.000 libros en francés, el segundo idioma con mayor presencia aunque muy lejos de los más de 30.000 en inglés. Sin embargo, en las dos pueden encontrarse más títulos de la tradición francesa, así como algunas obras universales en francés. Desde las clásicas traducciones que Baudelaire realizó de los cuentos de Edgar Allan Poe a muchas de las obras de Chateaubriand, Balzac, Boris Vian, Hugo, Jules Verne, Irène Némirovsky o Proust. 

Ya quedó lejos la época en la que se aprovechaba el viaje de un amigo o un familiar a Londres o a París para pedirles una lista de libros en su lengua original, o simplemente unos cuantos al peso, o esos viajes cuyo placer radicaba en parte en deambular por las librerías, casi siempre de segunda mano, y escoger tantos libros como te cupieran en la maleta de vuelta. Ahora basta entrar, por ejemplo, en Ebooks libres et gratuits, título que hace referencia tanto a la gratuidad como a la legalidad de su copia, e ir a la sección de libros electrónicos para tener a golpe de ratón multitud de libros de los mejores maestros.

15 de octubre de 2011

Dos gigantes en España

La llegada de la librería de Amazon y, unos pocos días después, la de Apple, como si hubieran estado vigilándose la una a la otra, es una de las noticias más esperadas para un número creciente de lectores españoles. Hasta ahora la oferta de libros electrónicos era marginal o latosa, con menores posibilidades idiomáticas y catálogos más reducidos. Han tenido que venir del extranjero, desgraciadamente, para que la facilidad de compra mejore ostensiblemente y la oferta vaya abriéndose camino con más títulos. 

A cada una de estas librerías virtuales se le asocia un lector distinto y, según dicen, una filosofía opuesta: Los primeros ofrecen lectores baratos para vender libros y los segundos ofertan libros para vender tabletas. Pero quizá las posturas irán confluyendo hasta asemejarse bastante. Amazon ofrece un lector de tinta electrónica que muchos usuarios aprecian por su peso y tamaño reducido, la ausencia de fatiga visual tras horas de lectura y la austeridad de su precio, más valorada en tiempos de crisis, frente a la tableta de Apple, que aún cuesta verla en lugares públicos por aquí. La última apuesta de Amazon es, sin embargo, una tableta que, aunque módica, sirve tanto para leer como para escuchar música o ver películas y series, casi todo directamente desde la red con un almacenamiento propio en la nube. Este aparato ya no lleva una pantalla de tinta electrónica, que se mantiene en su lector clásico. 

El dispositivo de Apple, en cambio, ofrece más posibilidades, como la cámara, mayor capacidad de almacenamiento y un amplio mundo de aplicaciones, entre ellas la Kindle de Amazon. Es de mayor tamaño, lo cual resulta más cómodo para la lectura en formato pdf pero innecesario para leer epubs, cuya letra puede agrandarse o disminuirse a nuestro antojo. Como es de suponer, si tiene más usos y es más grande, el aparato resulta más pesado y sobre todo más caro. Además, hay quienes afirman sentirse cansados tras ciertas horas de lectura en la pantalla iluminada. Por otra parte, el formato de los libros vendidos en la tienda de Apple, el epub, es el estándar para libros, como ya hace con el mp3 para la música, pero su sistema de cifrado para evitar la piratería impide transferir el archivo a otros lectores, mientras Amazon ofrece su propio formato, legible únicamente en su Kindle o aplicaciones específicas.

15 de marzo de 2011

La guerra de los formatos

Por lo que parece, vivimos en una batalla de formatos, reflejo de las inseguridades y efervescencia del sector y las luchas vanas por hacerse con un poder transitorio en el que difícilmente podrán triunfar todos o en el que ninguno lo hará de forma exclusiva. Si su biblioteca se incendia o, después de muchos años, los libros de su abuelo se han deteriorado considerablemente, será causa de un accidente o el inexorable paso del tiempo, una desgracia difícilmente evitable, como también lo sería el robo de nuestro lector con cientos de obras descargadas en él. Pero si empezamos a comprar libros electrónicos que están en distintos formatos, que a su vez dependen de distintas empresas y con frecuencia son exclusivos de sus dispositivos de lectura, nos vemos sometidos a un mercado fragmentado e incierto que amenaza con muchos cambios, apariciones y desapariciones, y con el consecuente temor a que nuestras compras en tal formato de tal compañía, o en tal otra, nos sean inservibles en caso de cambiar de marca o de defunción empresarial.

Quizá éste sea un temor infundado porque el futuro nos depara la convivencia armónica de diversos formatos, pero a día de hoy esta situación hace dudar a muchos usuarios, obligándonos a informarnos de las posibilidades de cada lector. Hay dispositivos de tinta electrónica que permiten muchos formatos, otros no. En el Kindle no pueden leerse los libros del Nook de Barnes and Noble, por ejemplo. Mientras que en el español Papyre, o tantos otros, no pueden leerse los de la tienda Amazon, que son con diferencia quienes venden más en el mundo y poseen un catálogo mayor. En los móviles y tabletas el mercado está más movido últimamente. Las tiendas de Apple y de Android, a la que a pesar de los fabricantes se conectan ya también algunos lectores de tinta, ofertan aplicaciones de distintas empresas que permiten acceder y comprar libros en sus formatos respectivos, permitiéndonos tener varias bibliotecas en el mismo dispositivo, según la librería en donde los hayamos comprado.

Ésta resulta por ahora la mejor forma de sortear las limitaciones de los distintos formatos y diferentes lectores electrónicos en un entorno de oferta débil, con los editores temblando y cada cual tirando para su lado. Sin embargo, no acabo de sentirme cómodo con esta disgregación. Preferiría que, comprara en donde comprase y en el formato que fuera, pudiera ordenar los libros en una única biblioteca que, por supuesto, me permitiera trasladarlos de dispositivo si me apeteciera cambiar de compañía, y no perderlos para siempre. Desconozco, eso sí, cuál o cuáles son los mejores, pero creo que la búsqueda de un formato ideal pasa por elegir uno o varios que no estén adscritos a ninguna compañía, por ejemplo el ePub tiene sus limitaciones pero es una buena alternativa. Por otra parte, se hace necesario un acuerdo sobre el dichoso DRM o que programas como el iTunes de Apple no restrinjan el uso de los libros en caso de tenerlo, ya que hasta ahora sus usuarios fuera de Estados Unidos no pueden ni comprar aún libros en su tienda ni adquirirlos en otras plataformas como Libranda.

15 de diciembre de 2010

Bubok y su modelo de negocio

Bubok es una editorial que publica libros digitales y los vende a través de la red con la posibilidad de enviarnos el pedido en papel si así lo queremos.

Se publicita llamativamente como la editorial capaz de hacer tus sueños realidad, es decir, de publicarte un libro con costes reducidos. Este reclamo quizá queda poco ambicioso para sus dimensiones actuales y sus posibilidades futuras, pero es eficaz. Todo el que ha intentado entrar en el mundillo de la publicación conoce cómo pasan lentamente los meses hasta recibir respuesta de las editoriales, casi siempre negativa y con buenas palabras, lo cual lo llena a uno de resignación ante un trabajo realizado con mucho esfuerzo pero, tal y como te sugieren, de insuficiente calidad. Es un sentimiento frustrante poco apto para quienes han puesto muchas ilusiones en su escritura. Por eso, la publicidad de Bubok parece enfocarse en quienes desean cumplir ese anhelo irrealizado hasta el momento.

Esta idea que ellos mismos explotan nos lleva, una vez desaparecido el filtro editorial y por tanto un primer juicio crítico, al problema de la confianza del lector que va a gastar su dinero (los precios son módicos) y cómo hacer esta forma de publicación atractiva a autores nuevos y talentosos, que ya los hay. Se trata de vender una obra a un público potencialmente amplio en una plataforma que edita y hace de librería en la red, evitando el doble coste, absurdo en el libro digital. A este modelo de negocio, aparentemente tan simple, debemos prestarle atención porque puede convertirse en el paradigma editorial del futuro. Bubok hace uso de los clásicos recursos de la red, como las puntuaciones de los lectores y clasificaciones de los libros más vendidos, y tiene una sección semanal de recomendaciones, bien editada a través de YouTube, que se me antoja una de las claves para el éxito.

Si Bubok consigue generar confianza a través de sus recomendaciones, es decir, si es seria y propone con buen juicio, y algunos de sus escritores obtienen un eco más allá de su página, en medios de prestigio y no sólo en blogs marginales sin apenas lectores como este, habrá dado un paso de gigante. No se necesitarán padrinos ni agentes ni conocer el mundo editorial y sus vicisitudes o tendencias, Bubok permite publicar libremente, con rapidez y facilidad, gracias a las nuevas tecnologías, ofreciéndose como mediador en el negocio. Sólo siento reticencias en un aspecto que quizá sea un resquicio de pudor o de inseguridad por mi parte, ¿Es la posibilidad de tanta inmediatez buena para la maduración literaria? ¿Cuántos escritores no tendrán la tentación de publicar antes de rehacer o corregir su obra? Pero, en fin, hasta Proust y Schopenhauer se sufragaron las primeras ediciones de sus grandes obras.

15 de noviembre de 2010

Libros como aplicaciones para el iPad

E-ditamos ha creado una aplicación de un libro de Ramón Buenaventura, El año que viene en Tánger, para la tienda de Apple a un precio muy asequible, incluso por debajo de las mejores expectativas albergadas por quienes consideramos excesivo el precio actual del libro electrónico, sobre todo si lo comparamos con los precios de los de bolsillo. La aplicación, cómoda de usar, viene con reseñas de la obra aparecidas, mayoritariamente, en los medios españoles, así como con entrevistas al autor y la posibilidad de contactar directamente con él a través del correo electrónico.

Éste es un buen ejemplo de cómo la red nos ofrece la ventaja de acceder a libros que ya no están en su momento álgido de ventas y que, sin embargo, nos pueden seguir interesando. Libros que en papel son de acceso difícil, por no decir imposible en el caso de los descatalogados, como me sucedió hace años con El sitio de los sitios de Juan Goytisolo, de publicación no tan lejana pero desaparecido de las librerías. Se trata de una gran oportunidad para esa inmensa cantidad de títulos que ya no se editan, o apenas, pero que, si estuvieran a buen precio, aún pueden proporcionar un goteo continuo de ventas. Bueno para el negocio editorial, bueno para los escritores y bueno para los lectores.

Sin embargo, la elección de publicar un libro como aplicación, lo que no es nuevo, difícilmente funcionará como un modelo de imitación, creo, o por lo menos de imitación masiva, ya que la cantidad de títulos que pueden almacenarse en archivos ePub o PDF es enorme frente al número bastante más limitado de aplicaciones posibles, incluso con el sistema nuevo de carpetas. Nos sería imposible tener más de mil libros como aplicaciones individualizadas, mientras que los libros guardados en programas como el iBook, Stanza o Kindle pueden multiplicar esa cifra por diez, amén de los almacenados en el ordenador, transferibles según queramos a nuestro lector, pudiendo ser este de distintos fabricantes.  

De todas maneras, en pleno padecimiento de una sequía absoluta en el iBook Store de Apple fuera de Estados Unidos, probablemente por la aversión al riesgo de los editores europeos en una situación de nula cobertura legal, hay que destacar esta iniciativa y agradecer a la editorial y al autor el habernos brindado la oportunidad de pagar por este libro, ganador del Premio Ramón Gómez de la Serna a la mejor novela de 1998.

15 de octubre de 2010

Ese oscuro objeto del deseo

Salvo catástrofe eléctrica, tarde o temprano, quizá a medio plazo, pocos compraremos libros de papel. La variedad de idiomas y de géneros de los textos al alcance de una leve presión sobre el teclado, o de dos, crece de una forma exponencial y, aunque limitado aún, tiene un potencial casi de ensueño. Lo tendremos todo, o casi todo, a nuestro alcance. Será un jauja libresco o, quitándole la expresión a Vargas Llosa, una orgía perpetua. No importará si estamos en una gran capital o en el pueblo más recóndito de provincias, siempre y cuando tengamos una conexión, por endeble que sea, tendremos la oportunidad de descargarnos libros interesantes de cualquier lugar del mundo, cuyo peso digital es casi irrisorio.

El futuro de las grandes editoriales más tradicionales y de los muchos que viven de ellas directa e indirectamente se tambalea. Más grave aún es la situación para las librerías a pesar de los intentos de plataformas como Libranda. Puede que sobrevivan bastantes años más gracias a los libros escolares y a esa gran mayoría de lectores a quienes aún no les sale rentable la compra de un lector electrónico para la cantidad de libros que adquieren anualmente, aunque sólo sea para husmear por curiosidad la prosa, el estilo, el ritmo. En cuanto a los devoradores de libros, o bibliófagos como diría mi amigo Samuel, que añoran el olor a papel de un árbol caído o la incomodad de portar muchos de ellos (una forma más de hacer deporte), por no decir otras contrariedades como la imposibilidad de cambiar el tamaño y tipo de letra, no disfrutar de una luz propia en la pantalla o carecer de diccionarios integrados, aún quedan muchos pero se van rindiendo ante la evidencia a cuenta gotas.

Como consecuencia de este huracán en el que el libro deja de ser un objeto, y no tiene valor como tal, sino como contenido fácilmente portable y duplicable, serán aún más los duramente castigados si no se llega a una concienciación, a un marco legal y a un control acorde con la nueva época de la digitalocopia, o digicopia si lo prefieren. Me refiero al futuro de los escritores, de los traductores, de los diseñadores y de los tan apaleados fotógrafos y creadores de imágenes, a los que por cierto pocos han tenido muy en cuenta, como si su trabajo visual fuera automáticamente de todos porque sí. Estas actividades continuarán, sin duda, pero corren el riesgo de resentirse fuertemente como profesiones, lo cual alimenta fundados temores que van más allá del cambio de un ciclo.

15 de septiembre de 2010

El proyecto Gutenberg

Cada vez son más numerosas las páginas webs de donde descargar libros gratuitos cuyos derechos de autor han expirado, pero no todas son iguales y algunas destacan sobre las demás, con catálogos que crecen a diario. Muchas de estas páginas, como ManyBooks.net o feedbooks, no ofrecen libros editados digitalmente por ellos sino que aprovechan los libros ya subidos en distintos blogs y, sobre todo, en el Project Gutenberg, añadiéndoles una imagen a la cubierta o arreglando el índice. Es decir, quienes hacen el trabajo más arduo y costoso son estos.

Ellos deben informarse sobre las licencias para respetar los tan frágiles y vilipendiados derechos de autor, que tanto esfuerzo costaron conquistar y por los que tanto lucharon escritores como Charles Dickens o Mark Twain, deben verter los textos y corregirlos, y mantener la página a nivel informático, editorial y organizativo. Para sacar adelante ese proyecto cuyo producto consumimos gratis se requiere tiempo y dinero, es decir, no funcionaría si no fuera porque detrás hay un grupo de entusiastas que se han puesto manos a la obra, unos idealistas pragmáticos, supongo, con otros recursos de los que vivir. No en vano suele leerse un cartelito en la página web pidiendo donativos para poder continuar.

La gran mayoría de los libros que podemos encontrar en esta web están en inglés. Los hablantes de la lengua de Shakespeare tienen acceso a muchos de sus clásicos y a un número elevado de traducciones del ruso, del alemán o del francés, a veces parece que incluso antes de que los propios rusos, alemanes o franceses tengan acceso gratuito en internet a esos mismos libros en su lengua original.

Afortunadamente existen importantes páginas en otros idiomas, sobre todo en francés, que ya comentaremos, y otras minoritarias y más específicas, de las que también espero hablar, así como otras de pago con libros de las últimas décadas o, desgraciadamente, las de descargas indiscriminadas, tengan o no las obras los derechos de autor vigentes, porque de todo hay. Sin embargo, no puedo decir lo mismo, hasta lo que yo conozco y salvo en el caso de la piratería, de las páginas que ofrecen libros en lengua castellana. Son pocas y con una oferta bastante limitada.



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