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15 de abril de 2021

Joe Sacco en la tierra de los Dene

Cada nuevo libro de Joe Sacco es un acontecimiento. Gran parte de su obra es una serie de investigaciones periodísticas en las que acumula y ordena testimonios de muchas entrevistas y ahonda en las causas políticas e históricas de las situaciones que trata, desde Safe Area Gorazde o The Fixer sobre algunos de los episodios de las guerras de los Balcanes a Palestine y Footnotes in Gaza sobre el conflicto israelí palestino. Para ello pasa periodos largos y sucesivas estancias en los lugares de los que habla, busca interpretes, se familiariza con el lugar, con las gentes y con lo ocurrido. Sus libros son densos en cuanto a las distintas capas que presenta y gruesos por su volumen que no escatima en información, desde los detalles de la vida cotidiana a los grandes acontecimientos, solapando el presente narrativo con escenas del pasado. Podría decirse que sus libros son tan interesantes o más que muchas novelas por su destreza narrativa y tan interesantes o más que muchos ensayos por sus incursiones periodísticas, pero Joe Sacco no es ni un novelista ni un ensayista, es algo distinto, un dibujante de cómics, proveniente del underground en la estela de Robert Crumb, que se dedicó al periodismo y a hacer de sus libros auténticos reportajes gráficos dibujados por él, un campo que inaugura y en el que es único, una rareza que aúna el talento del dibujante con el del periodista investigador. Su última entrega, Paying the Land, es un viaje a las comunidades indígenas del norte de Canadá para hablarnos de sus dilemas y dificultades y también, en última instancia, de la relación entre la naturaleza y el hombre, con una mirada crítica a nuestra cultura desde los bordes de la civilización. 

Joe Sacco representa la vida tradicional de los Dene, uno de los pueblos primigenios de América, como una vida en la naturaleza, en armonía social y sin sentido de la propiedad de la tierra, en donde pequeños grupos se movían por bastas extensiones de valles y montañas durante largos periodos para luego reunirse en clanes familiares durante un mes en verano, cuando se celebraban las bodas y festejos antes de salir a pescar para avituallare para el rudo invierno. Una vida alejada de las poblaciones, a las que apenas visitaban una o dos veces al año, en donde despertaban antes del alba para cazar, cortar madera, hacer fuego, cocinar, limpiar pieles, y en el que hombres y mujeres hacían trabajos distintos que confluían todos en el bien común, pero sin llegar a especializarse por cuestiones de supervivencia, ya que debían saber de todo por si se encontraban solos ante la naturaleza, sin la ayuda del grupo. Unas comunidades en las que desde muy pequeño se les inculcaba cuál sería su rol en el grupo, en donde el aprendizaje se basaba en la observación e imitación de los adultos sin que nadie estuviera diciéndoles lo que debían hacer y en las historias que se les contaban, en las que el héroe representa el ideal del liderazgo del grupo, con las pruebas que debe superar y la actitud implícitamente más valorada ante los demás, historias sobre el equilibrio entre los hombres y los animales -sobre la amenaza de los animales a los hombres, en un ambiente tan hostil de frío, bosques y animales salvajes-. Pero esa imagen idílica contrasta también con los recuerdos de inviernos a menos de cuarenta grados en pequeñas cabañas, o caminando durante horas a la intemperie para cazar de forma precaria y, a veces, hasta la hambruna. 

El dilema parece estar entre los riesgos de la modernización, con el peligro para el medio ambiente y la pérdida de las tradiciones, y la vuelva a una vida dura con inviernos ocasionales al borde de la muerte, aunque la portada del libro refleja la dicotomía entre la armonía de la vida tradicional y la fealdad de los tubos industriales modernos. El trabajo de Sacco se desarrolla a partir de los estragos experimentados por la comunidad en el presente, que describe a través de entrevistas, su técnica habitual, a la vez que ahonda en sus causas. El asentamiento significó la ruptura con la naturaleza y también, por ejemplo, la división tajante de los roles sexuales ya que los hombres salieron a cazar mientras las mujeres se quedaron en casa con los niños. La unidad familiar se redujo considerablemente y fuera del círculo más íntimo se acostumbraron a hacerlo todo por dinero, incluso asistir a las reuniones en los talleres. Una vez acaecida la muerte de los últimos que vivieron toda su vida en el bosque, moviéndose a pie o en trineos de perros, y no como ahora en coche, moto de nieve o helicóptero, quienes quedan son dependientes de los trabajos o ayudas del gobierno, lo que lleva a algunos de ellos a pensar que las subvenciones estatales han debilitado su vínculo con la naturaleza y la subsistencia, aquello que les daba sentido como individuos y como grupo. Pero los estragos en la comunidad tienen consecuencias más allá de la alteración de las relaciones entre ellos o con la naturaleza, la mayoría de las muertes actuales están relacionadas con el consumo del alcohol o las drogas, los abusos sexuales a menores por familiares borrachos duplican o triplican la media nacional y la violencia doméstica hacia las mujeres es hasta ocho veces superior. También la violencia hacia uno mismo es mayor, el suicidio entre las comunidades indígenas es entre dos y tres veces superior a la media nacional. ¿Cómo ocurrió? 

Joe Sacco indaga en las razones económicas de fondo, desde los primeros tratados con los europeos hasta las negociaciones más recientes, en donde la propiedad de la tierra y la explotación de los recursos son las dos claves. Para los Dene la tierra no es de ellos sino ellos de la tierra, lo que chocaba con la mentalidad occidental. Además, provienen de una cultura oral que no comprendió la importancia dada a la letra impresa. Las razones argumentadas para explicar las desventajas y condiciones incomprensibles que los indígenas firmaron en su momento han tenido consecuencias en el presente que algunos intenta remediar, no sin muchas dificultades. Sacco va deshilvanando el proceso de sus reclamaciones, sus frustraciones y sus logros, desde el consenso logrado en los 60 por todos los Dene, al calor de los movimientos sociales en occidente, hasta las divisiones posteriores en las que cada pueblo y cada localidad ha ido haciendo tratos con el gobierno y las empresas según su conveniencia, lo que ha dificultado su posición conjunta. Las compañías extractoras de gas, petróleo o diamantes han traído trabajo y dinero, al menos durante ciertos períodos, pero también han dejado un rastro de deterioro en el medio ambiente y una disrupción importante en las comunidades, desde la prostitución al alcoholismo, desde la ruptura con sus medios tradicionales a la dependencia del gobierno y la apatía social. Como en toda comunidad mínimamente compleja, hay quienes están a favor de la asimilación, otros optan por la integración de los dos mundos en grados distintos y también hay quienes sueñan con el regreso a sus raíces. Pero la causa de que estas hayan sido casi perdidas radica en otro hecho traumático que supuso un corte drástico en la tradición, en la relación entre generaciones y en el trabajo manual diario, que el libro de Joe Sacco nos revela y en el que también indaga.

15 de enero de 2019

Joe Sacco y Guy Delisle en Palestina

Cuando le niegan el permiso para ir a Gaza por ser dibujante, el personaje alter ego de Guy Delisle en Chroniques de Jérusalem pregunta si acaso lo han confundido con Joe Sacco, creador de títulos no sólo estremecedores sobre la vida y la historia de los palestinos, como Palestine o Footnotes in Gaza, sino también unas cumbres del periodismo en cómic como género híbrido y del cómic como obra de arte, de cuyo trabajo, como bien indica la broma, aflora una crítica rotunda a la ocupación, a sus justificaciones y sus métodos, hasta el punto de que asociaciones humanitarias prefieran no invitar al territorio de Gaza a dibujantes, con sus retratos grotescos y narrativas incómodas, más ácidos que las palabras o las imágenes sueltas y, quizá, más populares e influyentes en la consciencia colectiva, así que al lector no le queda sino suponer el temor de esas asociaciones a que se les retiren los permisos para seguir haciendo su labor. Joe Sacco se remonta a los sucesos del pasado para explicar el presente e indagar en ellos como reportajes en donde rescata la memoria histórica. Se prepara entrevistas, planifica visitas y contrasta la información, mostrándonos el proceso de su obra, sus aciertos y fracasos, los hechos comprobados y los descartados, y también los que no están claros, flotando entre unos y otros, y contrapone el pasado a su vivencia en el presente de la investigación, en una doble temporalidad consciente a la vez de su recreación histórica y del testimonio periodístico del presente. En Guy Delisle, sin embargo, no hay indagación periodística ni se trasluce investigación histórica, sino la representación de un turista curioso vagabundeando que se apunta a cualquier visita que le ofrezcan y que aparece casi indefectiblemente en cada una de las viñetas. 

Delisle toca muchos temas, cierto, pero de una forma tan ligera y aparentemente azarosa que pasan ante nosotros con desgana, con su alter ego más preocupado en la guardería de sus hijos o en encontrarles un parque en condiciones que en indagar en el conflicto entre israelíes y palestinos, como si ya estuviera todo dicho al respecto o no le interesara, pero representándolo en cada uno de los pormenores casuales de su vida cotidiana. Hay historias y experiencias que se las cuentan a su personaje sin él pedir información y en situaciones fortuitas, e incluso hace gala de no interrogar a la otra persona para no fastidiarle su único momento de esparcimiento o por no entrar en detalles escabrosos, sin  ofrecernos una reconstrucción en imágenes de lo vivido por ese otro ni enterarnos por los diálogos de lo sucedido. El pasado no se representa, aunque sea información fiable y contrastable de primera mano, tan sólo lo que él ve, pero su limitación es también su logro, ya que sin indagar en nada, salvo pasearse durante un año por los lugares más conocidos como si siguiera una guía turística, va tejiendo un tapiz de experiencias que nos dan la idea de la vida cotidiana tanto en un barrio residencial como en el centro de Jerusalén. Una vez, se entera de que un dibujante palestino sólo ha conocido a un israelí en su vida, el cual había estado en su ciudad en un carro de asalto, y aunque esta anécdota apunta a la falta de contacto entre unos y otros no se extiende ni ahonda en esta idea a la manera de un vector en la narración, sino que queda como una sugerencia más entremezclada con sus dificultades personales tanto artísticas como de la vida diaria y familiar. 

Pero cada anécdota observada, contada de forma ingenua como si no hubiera ideología ni análisis detrás sino el ojo despejado y nada comprometido, apunta a su vez a algunas ideas de fondo que van dibujando un fresco de inferencias sobre la situación. Sus observaciones se extienden a los coches y las casas, los muros y controles divisorios, la vida de los barrios o las tiendas y sus productos, de tal forma que las clases sociales, las costumbres y las religiones quedan reflejadas con una sutil ironía que no está exenta de comprensión y que nos revela las contradicciones entre las ideas y la realidad o entre las acciones mismas de las personas. Si bien Joe Sacco convive entre los palestinos en las zonas más conflictivas durante unos meses, dedicado noche y día a sus entrevistas y visitas con la inestimable compañía de guías palestinos que hacen de traductores y lo ayudan a profundizar en su investigación, Guy Delisle vive en un barrio residencial durante un año para cuidar de su hijo mientras su mujer trabaja de administrativa en una organización no gubernamental, haciendo de sus encuentros casuales el armazón de lo que podría llamarse un diario de viajes. Sin embargo, entre la estancia de inmersión y reportaje periodístico de Sacco y la estancia familiar y turística de Delisle hay también puntos en común, surgen temas similares y nos llevan a conclusiones parecidas, aunque con distinta intensidad. Mientras Sacco muestra las condiciones de vida y las injusticias a las que han sido sometidos los palestinos, tanto en el pasado como en el presente, indagando incluso en sus causas económicas y políticas, Delisle las sugiere lo suficiente como para no poder escapar a la sensación de que algo está pasando entre bastidores.

15 de septiembre de 2015

Joe Sacco in Palestine

It is hard to know whether the best art is interested in fascinating themes or, by the contrary, good art makes any topic into something interesting, probably it works in both senses. The fact is I had a vague interest in the Israeli-Palestinian conflict, wondering for something else than the quick media news, unable to make up my mind or have any deep look into it. But after reading Joe Sacco’s Footnotes in Gaza some years ago, I resolved to go through as many of his books as I could. Fortunately, thanks to the nowadays internet shopping, this was much easier than before, when we had to travel to an English speaking country in order to buy some non-bestseller books in their original language. I felt so enthusiastic about his work that I became more concerned on the issue and looked for further information. He really accomplished to write and draw a thick, vivid and complex comic book on his experience of living the everyday life of the people in the Gaza Strip.

However, it wasn’t the first book by the American Joe Sacco on this conflict. There was a previous series of nine issues later gathered together with the title Palestine. As with his works on the Bosnian war, he has written several books and shorter reporting pieces for magazines and newspapers on the same few topics he has been focusing on from slightly different perspectives, adding nuances and new points of view to his already complex portraits of the conflict areas, blending daily life in the streets with first hand memories of significant episodes, providing us with a brief but enlightening historical context and showing the media representation of the conflict in contrast with the reality portrayed by himself. The result is a narrative made up of many interviews, conversations and a self ironic alter ego character, who imposes a critic distance, helps us to endure a continuous series of hard facts and only apparently diminishes his alignment with the victims and his moral commitment. 

His masterful use of the comic techniques, the meaningful narrative contrasts, the timing to present the information and that thrilling way of portraying the memories of several observers of the same event, as well as the implicit ideas disposed as if they were essays disguised of novels are highly interesting. But the moral aspect of his reports, the terrible injustice and pain of people displaced, tortured, killed in both sides, piled into crowded and unhealthy refugee camps, condemned to unemployment and poverty and under continuous curfews, makes the attempt to clarify the formal machinery of his work sounds superfluous. Joe Sacco does not portray a conflict of good and bad guys from the beginning, we will be disappointed if we are looking for that, but as his alter ego character lives the conflict his ideas seem to change, sometimes against his own initial prejudices, as it happens in Palestine. His use of the narrator as an interviewer and a witness himself, letting other voices to speak, is an important part of his narrative strength, which derives from that recognition of subjectivity as the only way to try to understand the world as objectively as possible. 

15 de noviembre de 2014

Joe Sacco en Bosnia

David Rieff acertó de lleno cuando escribió que Joe Sacco tenía un inmenso talento del que oiríamos hablar mucho más (The New York Times 24/12/2000). Su obra periodística se caracteriza por una primera peculiaridad única, Joe Sacco hace periodismo en cómic. Pero si tapamos el texto como ejercicio de análisis para enfocarnos sólo en sus imágenes nos damos cuenta de que el grado de comprensión de la narración sin la palabra es comparativamente inferior al cómic de ficción clásico y mucho menor que el de las últimas tendencias. La trazabilidad del sentido se asienta sobre todo en el texto, consecuencia lógica de su compromiso periodístico, cuyos recuadros fragmenta, dislocando sus posiciones para motearlos sobre la imagen, consiguiendo así un efecto más expresivo y eficaz, pero manteniendo la forma recta frente a la redondeada de los bocadillos de los diálogos, que tienen quizá menor preponderancia. 

Dados sus fines, su obra alcanza una simbiosis perfecta entre imagen y texto, y a la vez ejerce un periodismo de investigación reacio y crítico con la rapidez consumible y melodramática del periodismo en busca de la noticia, tal y como nos sugiere en múltiples ocasiones en su Safe Area Goražde, el primero de sus libros asentados en la guerra de Bosnia. Periodistas reputados en conflictos bélicos como David Rieff o Christopher Hitchens, que escribe la introducción, coinciden en que el mayor logro de Joe Sacco es su capacidad de evocar la realidad. Sus imágenes hacen revivir la arquitectura derruida de las casas bosnias, el estado de sus calles, los rostros tristes y envejecidos de sus gentes y sus ropas raídas, detalles que raramente se describen en palabras y que sin embargo llegan de inmediato a través de una imagen. No hace falta que nos cuente las precarias condiciones de subsistencia de quienes están aislados en el enclave malamente defendido por tropas internacionales, nos lo muestra en cada detalle. Pero es fundamentalmente a través de la palabra que nos explica cómo se llegó a la destrucción de la convivencia pacífica, qué atrocidades acontecieron en nombre de una limpieza étnica dirigida mayormente contra los musulmanes y quiénes estuvieron involucrados. 

Joe Sacco se mete en sus narraciones como personaje, está siempre presente pero en segundo plano, empequeñecido en tamaño y arrinconado en la escena, oculto bajo sus gafas. Al principio se presenta autocrítico e irónico con su posición de observador y periodista extranjero en medio de un conflicto del que él, al contrario que los demás, puede salir fácilmente, pero poco a poco enfoca la atención en las escalofriantes experiencias de quienes lo rodean. El camino lo transita a través de entrevistas que rescatan los acontecimientos del pasado reciente sin perder el pulso de la vida en el presente de su investigación periodística. Gracias a ellas nos enteramos de los dramas vividos por cada uno de los personajes, contados en analepsis diferenciadas por el negro que enmarca la página, y la narración de los hechos más relevantes desde los distintos puntos de vista de los entrevistados, encabalgando la historia con varios narradores que enriquecen, aclaran y corroboran la comprensión de lo sucedido, pero también mostrando sus posibles ambigüedades y limitaciones. 

La figura del guía que lo pone en contacto con los futuros entrevistados y lo asesora sobre la población y los sucesos acaecidos cobra pues una importancia vital, muy cotizada entre los periodistas extranjeros necesitados de penetrar en las entrañas del conflicto. De ahí probablemente que Sacco haya centrado su segundo libro sobre Bosnia, publicado cuatro años después del anterior pero cuyo tiempo narrativo empieza antes y termina después de los hechos narrados en Safe Area Goražde, en un personaje dudoso que pone en cuestión la figura misma del guía para periodistas y que hasta la última página no sabemos si es un fanfarrón mentiroso o sólo un fanfarrón con muchas historias verdaderas pero demasiado duras a sus espaldas. No en vano se titula The Fixer, que es el nombre que se da en inglés a quienes hacen de guía a los periodistas. Esta segunda vez deja a un lado las cruentas y espeluznantes matanzas a musulmanes bosnios para hablarnos de los turbios líderes paramilitares que, sin embargo, fueron los primeros héroes en la defensa de la multiétnica Sarajevo frente a los atacantes nacionalistas ortodoxos serbobosnios.

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